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Los ‘squatters’ de Manila, filipinos en la miseria extrema

Padre Julio Cuesta, misionero; y coordinadora de FLA, Alicia Navarro

Innova Ocular - 20-02-2017

Fundación La Arruzafa colabora por primera vez con dos ONG que desarrollan su labor en uno de los barrios más marginales de capital filipina, enviando 120 kilos de medicamentos y visitando una de las zonas más pobres de ese país

Lunes, 20 de febrero de 2017 (Córdoba) – Un basurero puede generar miles de hogares. Por desagradable que parezca, se trata de una realidad más que palpable. Sucede en el barrio de Payata de la capital filipina, en Manila. Allí residen unas 300.000 personas que viven de lo que recogen en la basura. La zona, periférica, forma parte de uno de los focos habitados de esta megaurbe en la que viven 16 millones de personas. A sus vecinos no les llaman como al resto de ciudadanos.

Payata es un barrio relativamente moderno. Se construyó tras un derrumbe ocasionado en 2002 junto a un gran basurero de la ciudad. Su reciente creación contrasta con el concepto de concebirlo como un barrio nuevo, porque parece todo lo contrario. La mayoría de sus habitantes proceden de basureros donde también hay vida y trabajo de diario para seres humanos que subsisten como si no fueran humanos, por el rechazo que generan en otros. Les denominan ‘squatters’, que alude a la definición de ocupantes ilegales. Porque el barrio es ilegal. Sin duda, uno de los lugares más deprimidos de Manila.

En él no existen ni supermercados, ni tiendas, ni bancos, ni pensiones, ni, por supuesto, centros de salud, por citar algunos componentes básicos de una barriada. Es precisamente ahí donde desarrollan su cometido humanitario dos ONG, Payatas Orione Foundation Incorporated (Paofi) y Cottolengo Filipino, dirigidas por religiosos pertenecientes a la congregación de Pequeña Obra de la Divina Providencia.

La primera se encarga de dar de comer a diario a 400 niños en nueve comedores; también posee un ambulatorio para enfermos de tuberculosis que trata a 200 niños y 100 adultos; y dos pequeños dispensarios de medicina general en los que se atiende gratuitamente a 40 personas al día. Cottolengo Filipino, de su lado, es una institución que acoge en régimen de internado a 40 niños afectados de múltiples minusvalías físicas y psíquicas que han sido abandonados por sus familias.

Julio Cuesta es un sacerdote de 62 años nacido en Villalbilla de Villadiego (Burgos) que lleva desde 2004 como misionero en Filipinas. Su congregación coordina la parroquia católica de Payatas y las citadas organizaciones no gubernamentales sin ánimo de lucro. Como explica, “el principal problema que tenemos aquí es que no existe ayuda económica por parte del Gobierno, ni para las familias con hijos con minusvalía ni para las instituciones privadas que trabajan en este sector”. “En la mayoría de los casos, las familias no pueden soportar el gasto económico y la dedicación que supone un hijo con minusvalía. Le dejan abandonado en la calle o en los hospitales”, añade. La ayuda resulta indispensable.

Manila I
En este escenario, y por primera vez desde su constitución (2005), Fundación La Arruzafa (FLA) inicia una misión de cooperación en esa zona del planeta. Hasta la fecha, esta organización, constituida principalmente por profesionales del complejo sanitario La Arruzafa -con sede en Córdoba y en el que se ubica también su instituto de Oftalmología Innova Ocular La Arruzafa, perteneciente a la red nacional de clínicas de Microcirugía Ocular Innova Ocular-, suma 27 expediciones a países como Madagascar, Tanzania, Guinea Ecuatorial o Benin, entre otros, atendiendo a más de 22.000 pacientes entre países del Tercer Mundo y ciudadanos españoles.

En adelante, FLA también se ha fijado el reto de ayudar a estas organizaciones filipinas. Tal y como explica Alicia Navarro, coordinadora y voluntaria de proyectos en la fundación, “cuando llegamos allí comprobamos cómo viven miles de personas en situación de pobreza extrema. La ayuda es sumamente importante para ellos”. Navarro alude a la necesidad que existe en este lugar para tratar con medicamentos enfermedades como la tuberculosis, especialmente proliferante en una zona donde la vida cohabita con la insalubridad.

El primer contacto de FLA ha servido para sentar las bases de una futura colaboración, fundamentada “en el envío de medicamentos -la primera partida, ya recepcionada, ha sido de 120 kilos de material farmacológico-, aunque el propósito es que la cantidad pueda incrementarse en el futuro”, concreta Navarro.

El envío de ese material ha sido recibido como “si hubieran venido los Reyes Magos”, matiza el padre Cuesta, quien “agradece tremendamente esta generosidad”. En la donación de medicamentos ha participado también la Farmacia El Brillante y un grupo de voluntarios del complejo sanitario La Arruzafa, entre los que se encuentran oftalmólogos, optometristas y auxiliares.

El compromiso adquirido para cooperar con las ONG que trabajan en la barriada de los ‘squatters’ se ha rubricado a principios de este año, en el que una representación de Fundación La Arruzafa ha viajado hasta Manila para comprobar el trabajo que Cuesta y su equipo llevan a cabo en una de las zonas del mundo donde el término vivir deduce otro concepto, por desgracia.

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